Monday, June 7, 2010

“Estado de Gravidez”




Estoy embarazada, tengo un bebé flotando en el centro de mi cuerpo que no estaba en mis planes. Pese a tener 34 años, aún no me había planteado la posibilidad de ser mamá, entre otras cosas, porque todavía pensaba que quedaban muchísimos viajes por hacer, montañas, triatlones de larga distancia, maratones interminables, libros, películas, vida en pareja, mucho vino tinto y como dice un amigo: “sexo, droga y rock and roll”. Pero una mañana de enero, tras varios días de retraso y de hacer promesas a Shiva y a Ganesh para que todo fuera eso, un retraso (“si no estoy embarazada prometo no tomar Merlot por un mes”, “si no es embarazo, prometo dejar el chocolate y hacer el bien, no pelear con la ex –esposa de mi novio y ordenar la casa para una mejor convivencia en pareja”), compramos de emergencia una prueba de embarazo que además de afirmar con una “X” gigante que estaba en cinta, me hizo descubrir también que dichos dispositivos nunca fallan en sus resultados.

Pero como soy tozuda y escéptica, le pedí a Freddy que fuésemos a un Laboratorio para una muestra de sangre. Tenía que corroborarlo con la ciencia, tenía que leer qué tan elevado estaba mi índice de “gonodotropina coriónica” (palabras que también aprendí durante mi espera) para comprobar que la falta de menstruación era la consecuencia directa de la existencia de un individuo dentro de mí. Y señores, ¡qué contrariedad!. Desde ese día tengo mil dudas en mi cabeza, entre ellas, escribir este post, casarme o no, evitar engordar más de lo debido, explicarle a mis padres que ahora serían abuelos, decirle a mi suegra (quien aún no es “legalmente” mi suegra) que tendría otro nieto pero que éste vendría de una pareja que vive en pecaminoso concubinato (o como dicen los canadienses, “in common law”), explicarle a Víctor Javier y a Juan Andrés (los hijos de Freddy) que tendrían un hermano menor, el cómo organizar mi nueva vida, las implicaciones de ser mamá, el país en el que va a nacer, el futuro. Todo ello sin aún haber experimentado los síntomas propios del embarazo, que si bien debo confesar no han sido nada graves, complican aún más la vulnerabilidad de quienes transitamos por este camino.

Por ello nuestra legislación y muchas en Hispanoamérica, luego de observar y evaluar el comportamiento de sus féminas, acertaron exitosamente en utilizar la terminología “estado de gravidez” como sinónimo de “embarazo”. Tampoco se equivocaron los romanos cuando llamaron “gravidanza” a estos nueve meses, ni nuestros ancestros bíblicos con la legendaria “parirás tus hijos con dolor”, porque seamos honestos, la cosa es grave: por más que nos laven el cerebro con lugares comunes y cuentos de hadas como “el embarazo es la etapa más bella que toda mujer puede experimentar” o “son nueve meses mágicos repletos de alegría”, la gestación, siendo un milagro increíble al cual rindo mi más profunda admiración, puede convertirse también en un tortuoso trayecto. Y valgan los siguientes ejemplos para ilustrar todo lo que afirmo, en algo que personalmente he descrito como las tres “H”: Hormonas, Hambre y Humor.
Humor: Y no precisamente del bueno o del que viven Laureano Márquez y Emilio Lovera. El mío es el vivo retrato de la más villana de las novelas de TV Azteca, es más, sin pecar de exagerada hay días que me siento como la mismísima Cruella de Ville cuando se entera que los 101 Dálmatas lograron escapar sin ser vistos por sus secuaces. Literalmente me convierto en el ser más insoportable del planeta, amanezco como si odiara al mundo y a todos quienes habitan en él. Desde la conserje de mi edificio hasta mi jefe pueden convertirse en víctimas de mis desaires; y qué decir del padre de la criatura quien si luego de esta prueba persiste en su idea de estar conmigo, se convertirá en el ser que más me amado en la vida. ¿Las razones? No las sé, lo que sí sé es que cualquier pretexto es perfecto para pedir disculpas por el pésimo humor y tratar de enmendar la situación.

El tema del Hambre es todo un acertijo. Durante los primeros meses quería comerme la nevera completa, no había ración decente que saciara mi apetito y apenas pasaban tres horas cuando ya sentía el despertar de un monstruo en mi interior: los sonidos que producía mi estómago se podían escuchar a tres leguas de distancia. Lo increíble del caso era que en las madrugadas y luego de terminar mis sesiones de entrenamiento, las náuseas me enloquecían y lo que podía constituirse como excusa perfecta para evitar ingerir calorías extras, simplemente se tornaba en una efímera ilusión, desapareciendo todo apenas el reloj marcaba la hora de las comidas. Y ¡SAS! de nuevo al ruedo de la gula y la hambruna. ¡Vaya engaño el que mentalmente me hacía! Después de esas primeras vuelve todo a la normalidad, pero con unos cuántos kilos encima…

Finalmente las Hormonas. Freddy dice que las mujeres sufrimos de una cierta disfunción emocional cada 28 días y que durante el embarazo, la situación no se interrumpe, se hace continuada. Pese a lo machista de sus conclusiones no deja de tener cierta razón. Han habido días donde mi parecido con un hipopótamo es tan igual al que refleja el espejo de mi cuarto cuando me acerco; en otras ocasiones sucede diametralmente lo contrario, mi barriga parece el fetiche más sexy que haya creado la revista Playboy. Por ello los franceses también utilizaron un léxico apropiado para describir esta etapa, “grossesse”. La ropa pareciera encogerse y todo queda tan ajustado que se pierden hasta las esperanzas de un segundo intento (ese en el que nos tiramos en la cama para que los pantalones se deslicen con mayor facilidad); las posturas que antes parecían facilísimas de hacer en mis clases de yoga ahora se convierten en complicados actos de contorsionismo parecidos a los que ejecutan las asiáticas del Cirque Du Soleil. Entonces uno se pregunta: ¿cómo no estar hormonalmente inestable si es el mismo cuerpo el que cambia todos los días?
Ni hablar de los comentarios, consejos y advertencias de las personas que te rodean; como el correo que recibí de una amiga hace pocos días en el que me decía que todo era bello, que ella se sentía radiante, maravillosa, casi que una femme fatale cuando estaba embarazada, que su esposo era bello así como bello también era su primer bebé, que cada mañana se sentía como una candidata al Miss Venezuela pese a los seis kilos que llevaba encima… ni le respondí! Quizás esté pasando por uno de esos altibajos. Quizás hoy no sea mi mejor día, ya pronto terminará este “estado de gravidez” y todo volverá a la normalidad… ahora con un bebé!

1 comments:

  1. Muy bueno amiga. Te felicito por tu post, pero sobre todo por el embarazo. Un niño siempre es una bendición. Un abrazo, Carlos

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